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Ri más Ro suman 4 y 3

Uno y uno son tres. Y me llevo una. A Frankfurt. Por el camino más corto. Sin pasado reciente. Con futuro histórico

Y desde mi olvidado blog veo el naufragio de la playa a lo lejos, como en un swot alemán. Pero desde mi hotel veo los tejados del mar en calma, como si se hubiera producido un eclipse de paz.

Y al fondo suena ese temazo que siempre me dice.... ahora es demasiado tarde.... déjame 20 duros. Como ayer. Como mañana. Como siempre. Y por eso me apetece atizarme un cubata de DYC. De garrafón, aunque sea del minibar.

Y ahora me pregunto si ya te crees que han pasado 4 y 3 años. O más bien crees que estás fuera del tiempo, como Lapido, en un lugar entre la realidad y el sueño. Como con un disfraz de sombra. No me contestes. Hágase el caos y no la guerra.

Ahora, camino de Frankfurt, camino de espinas y de rosas, puede que cambies de oficio, puede que alguien te felicite tu próximo cumple en inglés, como el paleto Guerrero, o puede que te suene a diario el rap del enriquismo.

O puede que allí tampoco suene. Como aquí. Como en el cementerio de la Almudena. Parece menterio, ¿verdad? Enrique se fue en el 99. Avisando, pero se fue. La vida siempre es asín.

Venga, Vega, que me pierdo por las ramas, al tema: Que te deseo que hoy pases un gran día, y una mala noche, que acabes la mili, que sientes la cabeza, que levantes el codo, que planches la oreja, que tuerzas el gesto, que dobles la rodilla y que comas perdices.

Y que afine tu orquesta del titánic, que digas que sí cuando te digan que no, que mientas cuando digas la verdad, y que pasees al atardecer del brazo de un apuesto tipo sin brazos.

Muchas felicidades, Ri, y que cumplas muchos más, por lo menos otros tantos como yo.


SiempreVega. VegaForever.

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Los 44 de Borin y un enganche

Vas a muerte con la vida. Vives en el mismo sitio de mi recreo. Tus amigos son la sombra que más calor te da. Haces cumbre con los pies en el suelo. Mezclas la física y la química con el güisqui con cocacola.

Tienes el corazón encima de los hombros. Nadie se arrepiente de haberte conocido. Nunca te vas cuando se te espera. No te gusta hacer trampas para ganar.

Por eso, cada vez que tu vida se cruza con la mía, como si se hubieran parado los relojes en la oscuridad, como si se hubieran blindado las puertas abiertas, te deseo muchas felicidades, y que cumplas muchos más, zorreras, al menos otros  tantos como yo.


SiempreVega

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Fórmula 44

Sigue siendo todo un caballero en edad de merecer, porque en su cabeza lucen más las ganas que las canas. Sigue siendo un cuarentón con alma, que le permite tener un especial sentido del sentir.

Por eso yo siempre le recuerdo vestido de paisano, o investido de traje. O decidido a decidir, sin mucho éxito. O decidido a vivir, con mucho éxito.

O hablando con la gente, sin que le entiendan. O cautivando a desconocidos, que no le necesitan entender.

O haciendo de militar, obedeciendo a su instinto. O haciendo de niño, con olor a felicidad.

Aunque muchas de las mejores veces le recuerdo bebiendo por afición, conmigo al lado, para pasar cada fin del mundo inadvertidos en noches de copas.

Y hoy, que ya casi sumamos un siglo entre los dos, celebro este especial cumple en el que 'la alegría y la tristeza viajan en el mismo tren', con doble ración de abrazos sin brazos.

Muchas felicidades, zorreras, y que cumplas muchos más, por lo menos otros tantos como yo. 

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Míster 43

Este año, para celebrar mi viejo cumpleaños, en vez de mandarme una autofelicitación como la del año pasado, me he dedicado una especie de serial.

No es que vaya a publicarlo en incómodos fascículos, pero sí agruparé mis historias, así, si te aburre alguna, o todas, o no tienes tiempo para leer, te ahorrarás bostezos, mentiras y cintas de vídeo.

La serie comienza hace más de cuarenta años y, al protagonista, le gustaría contarla así.

MI AUTOPRÓLOGO

Hoy me doy cuenta de lo deprisa que pasaron mis primeros 43 años, con sus letanías, con mis retahílas y con tus locuciones. Y quizá por eso hayan venido a felicitarme algunos recuerdos del pasado.

Y, para compartirlos conmigo, imitaré al narrador de 'Todas las almas', de Marías, utilizando la primera persona del singular para escribir lo que vi o lo que me ocurrió, aunque las más de las veces no me identifique en absoluto con lo que yo mismo viví, porque las historias pasadas se van confundiendo las unas con las otras, y el resultado suele ser que, cuando uno quiere recordarlas, no puede.

MI AUTOBIOGRAFÍA

En mis primeros años de existencia tengo la sensación de que me dio tiempo a experimentarlo casi todo; unas veces me tocó vivir la vida a todo trapo, y otras, en cambio, me tocó verla como si fuera una vida ajena a través de ventanas sin vistas al mar.

A veces me faltó tiempo para cambiar de residencia fiscal, y otras para cambiar las juergas obligatorias por el trabajo involuntario. A veces tuve tiempo para vivir las noches por delante, y, en épocas de incertidumbre, dudé entre ponerle media vela a Dios o Dios al diablo.

Y, sin darme cuenta, algunos días me llovió a mares, y me nevó sin copos, y los árboles me florecieron y después me secaron de raíz. Y recorrí en círculo miles de callejones sin salida, y tuve intermitentes priapismos de disparatado placer.

En esta travesía fui testigo que llegó el fax, que se fue el fax, que alguien inventó el correo electrónico, que desaparecieron las máquinas de escribir y con ellas la magia de las novelas sobre el alma humana.

También hace muchos años aprendí a aborrecer la leche, pero no sus derivados; los futuros, las opciones y los swaps sobre el líquido blanco de la ubre.

Durante este camino soplé velas por mis cumpleaños pares, leí decenas de novelas impares, las clasifiqué por orden analfabético, las desclasifiqué por el poso que dejaron dentro de mí, atravesé cientos de resacas en tierra firme, y di cuenta de miles de güiscolas llegados de ultramar.

También me dio tiempo para viajar en avión, para soñar en el tren, para maldecir el coche, para ir a cumplir con la patria, para volver sin ella, para sufrir decepciones, para provocarlas, para recibir premios, para sentir apremios, para caer enfermo y para levantarme insano.

Y por el camino aprendí a sufrir, desaprendí a correr, me reí de mí, lloré contigo, fui lo que no era, nunca soñé ser lo que no soy, incluso algunos días me sentí muy feliz al levantarme de nuevo.

También recuerdo que en una etapa cercana de mi vida me convertí a los antiinflamatorios, y que firmé manifiestos anónimos buscando una forma de entenderlos.

A veces me dio tiempo para querer para siempre. Otras veces estuve en horas bajas e hice testamento vital. Incluso en ocasiones manifesté firmeza ante los ilusionistas de la fe.

Y, en las horas más felices, me dio por escribir el prólogo de mi testamento póstumo. 

MIS PADRES

De mis padres creo que no he escrito nunca nada en el blog. Pues no veo mejor momento que éste para poner negro sobre lo más blanco.

Porque mis padres son mi norte y mi sur, mis vidas y venidas, mi barlovento y mi sotavento, el ombligo de mi mundo, el cristal con el que miro, mis reyes magos de occidente, mis verdades más piadosas, la mayor alegría de mis alegrías y las mejores medallas que nunca gané.

Mis padres son como el amor que nunca pasa de moda, el querer como es debido, una parte del paraíso cobrada por anticipado, el equipaje que nunca te pesa, el maquillaje del fin del mundo, el pan de mis penas, mi hogar allá donde vaya, mi única religión creíble, y la parte más dulce de mis amarguras.

Antes de seguir mi recorrido autobiográfico, queda dicho que este anuario de todas mis vidas va dedicado a ellos, mis padres, los verdaderos narradores de mi existencia.

MIS IRREFLEXIONES

Entre mis recuerdos hoy conviven miedos que viven cerca de mi tuétano, como esas pesadillas en las que preciso de una gruesa sonda para ayudarme a orinar, o esas otras en las que empiezo a notar demasiada frecuencia en las micciones diarias, acompañadas de un pasajero escozor subterráneo.

O las peores de todas, aquéllas en las que el médico en prácticas del vecino de abajo me aconseja prevenir el mal con un bienintencionado tacto rectal.

Por eso reflexiono cada día sobre mis cotidianas entretelas, las de la mitad de mi pasado y, sobre todo, las de la mitad de mi futuro. Y eso que confieso que hace tiempo aprendí que no hay que intentar entenderlo todo, sino solo la mitad de lo más importante, la décima parte de lo más cercano, en definitiva, solo lo que acaba justo donde empiezan tus pies.

Será esa la causa de que suela tener suficiente con lo que veo con mis propios ojos, y que pocas veces intente enterarme de lo que ocurrió a mis espaldas. Incluso a ratos hago esfuerzos humanos por no enterarme de las cosas de las que tuve la suerte de no enterarme.

MIS COSTUMBRES Y MANÍAS

Como cualquier ciudadano septentrional desconfío casi siempre de lo meridional. Y como cualquier expatriado dentro de las fronteras de su patria, imagino una patria ideal a la que poder echar de menos.

Quizá por eso no me guste jurar con los juramentos habituales de la tierra. Ni con los del mar. Yo prefiero abjurar en falso sin motivo.

Aborrezco las semanas con siete lunes. Yo soy más de los jueves y de las vísperas de juergas de guardar. Y felicito a los que triunfan, pero solo si lo hacen en época de derrotas. 

Me gusta escribir autorretratos al portador, como si fueran ajenos a mi voluntad. Y no suelo conjugar los adjetivos con el futuro, sino con el pretérito imperfecto.

No me gustan las realidades previsibles, porque pienso que no hay nada menos previsible que la realidad. Y distingo el babor del estribor sin problemas, pero solo cuando diviso de cerca la tierra firme. 

A veces le pongo al buen tiempo mala cara, pero solo por verle la cara y la cruz a la contradicción. Y, como ya no llevo puesto el babi de la safa, ni oigo el sonido constante de aquellas risas invisibles, no me queda otro remedio que ahorcarme cada mañana con el nudo de la corbata e intentar, sin quererlo, bordar el paripé.

Y siguiendo con los juegos de tiempos y palabras, ya sabes que yo soy de los que disfrutan con los marzeos de mayo, con los caminos en círculos, con los barones afeminados, con los vellos por dentro, con los martes del dos mil trece, y con el amor que se profesan los enemigos íntimos.

Pero, a cambio, soy de los que distinguen el verbo infligir del infringir, aunque a cambio coloco la hache muda en las conversaciones cotidianas con relativa facilidad.

Y, para confundirme aposta, si me dan a elegir entre brindar y blindar, o me tomo un par de copas para decidir, o hago lo mismo que hace con las erres el chino mandarín.

De los pasados abrazos sin brazos también me acuerdo; por eso a menudo suelo acordarme de las tempestades que me tocó vivir, porque las cosas mal hechas que no se recuerdan, corren el riesgo de volverse a repetir.

Para terminar. Muchas veces me acuerdo de aquel médico que siempre les pregunta a sus pacientes que en qué parte de su cuerpo viven. Yo siempre le respondo que vivo en la rodilla, al menos por las mañanas y por las tardes. Por las noches me suelo ir a dormir para biodescodificarme, aunque en las largas noches de insomnio prefiero atizarme un par de güisquis para mostrarme a mí mismo quién manda en mí.

MIS AMISTADES

De la amistad con mis amigos prefiero no hablar, porque es tan invisible que casi nadie la puede ver, porque está llena de acuerdos tácitos, de primeros excesos, de falta de remordimientos, de vocaciones realizadas y de enormes letras pequeñas.

Porque es tan intangible que no desaparece aunque la dejes de usar, porque es tan fiel que nunca te quiere cambiar, y porque es tan infalible que nunca te falla, con o.

Supongo que los cimientos de la amistad provengan de aquellos tiempos en los que los problemas del mundo se dirimían sin prisas, pero con seriedad; no como ahora, que los jóvenes dedican su ocio solo a hablar de bellas mujeres y de maravillosas frivolidades.

Entonces no, entonces en los bancos del Sardi se discutía con ardor sobre las últimas decisiones tomadas por el Senado, sobre la debida armonía entre el capital y el trabajo, o sobre el problema del paro como mal endémico del país.

Será que el mundo cambia o, como dicen los cuarentones de hoy en día, será que los tiempos han dado un viraje radical.

MIS CREENCIAS

Si me preguntas por mi parte más carnal, te diré que no le rezo a nadie, porque no tengo fe en lo que no se ve. Y tampoco creo en el destino, y mucho menos si se apellida divino.

Al contrario, creo más en realidades palpables como el libre albedrío, el sentido del tumor y el enfisema pulmonar, la sangre rica en plasma y las prótesis de rodilla hechas de titanio enriquecido y, sobre todo, creo en los baipás que devuelven la vida a los hombres sin corazón.

Porque yo pienso que el alma humana es la parte más noble del hombre, la cosa de menor precio y de mayor valor.  Y eso que tampoco la veo. Ni la conozco. Ni puedo tocarla. Y tampoco creo que nada divino nos la haya concedido.

Pero estoy convencido que nos sirve para fabricarnos la felicidad eterna, como aquel líquido fabricado por el alquimista de Coelho, capaz de prolongar muchos años la existencia, capaz de distinguir lo falso de lo falsificado, lo honrado de lo honesto, la verdad de la única verdad, la mentira del resto de mentiras, y las tentaciones del resto de las inconfesables tentaciones.

MIS LETRAS

De la ficción de la vida siempre me decanto por las novelas basadas en hechos reales, sobre todo si los hechos reales proceden de sucesos completamente imaginarios.

Pero no me gusta lo que suena a novelesco, y mucho menos lo que se escribe sobre ello, como los espejismos que se materializan en los horóscopos, donde las personas encuentran historias sobre todas las cosas, o aun peor, donde encuentran toda clase de vínculos irreales con su propia existencia.

Y hablando de letras, aunque te lo parezca, no es fácil escribir sobre uno mismo. No es un trabajo como cualquier otro, pues, aunque también requiere esfuerzo y dedicación, has de vences tu íntimo sentido del pudor.

Por eso un señor insoportable que llevo dentro me reprocha a menudo que no me dedique a escribir obras maestras, en lugar de escribir esta biensonante entrada para un blog familiar.

Y hay días que pienso hacerle caso al insoportable. A veces pienso que sí, que debería escribir una obra maestra, porque a partir de entonces viviría mejor.

Porque me convertiría en mi propio empleado, porque ya no tendría que mandar, porque me bastaría con no obedecerme a mí mismo, porque disfrutaría con los altibajos de mis ingresos, porque me acostaría a la hora de levantarme, porque se me levantaría a la hora que yo no quisiera, y porque sería admirado por mis defectos y por mis salidas de tono.

Pero luego se me aparece en sueños un hombre con traje gris que también vive dentro de mí, y me muestra un libro nocturno de contabilidad, y lo abre por la cuenta de resultados, y yo, dormido, comparo sus millones con los de la competencia, y con los del año anterior, el de 2012, cuando yo descumplí 41 años para cumplir 42.

Y entonces me olvido de la obra maestra. Y del color de mi traje. Y de mis defectos. Y de mis altibajos. Y acabo con el lápiz en la oreja abrazado a números ajenos.

MI AUTOEPÍLOGO

A pesar del número que indica mi edad, y de la crisis de los olvidados cuarentas, no he cambiado recientemente de colonia, ni de ropa interior, ni de peinado.

Y tampoco he cambiado, y creo que no cambiaré nunca, de gusto musical. Por eso, si me dan a elegir entre los cinco latinos, los tres sudamericanos y el dúo dinámico, siempre me quedaré con Antonio Vega, ese chico triste y solitario.

Dentro de un año cumpliré 44. Hasta entonces. Nos vemos. Y yo que lo vea. Y tú que lo leas.

SiempreVega

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42 Rises

Me levanto, madrugo, bostezo con la boca cerrada, me ducho si toca, me ahorco la corbata, me desvisto por los pies.


Subo al garaje, bajo al coche, me asiento con el cinturón, tarareo media de Quique, disimulo la letra, no fumo, llego a Boadilla D’or.

Un saludo, un salido, hago gárgaras con el primer café, llego tarde, estoy contento, desayuno, plagio un pin, me emborracho de café, salgo del bar, no tengo prisa.

Leo correos, reparto conos, calculo un ajuste, hablo conmigo, hablo contigo, hablo sintigo, invento frases, corrijo frases, almuerzo frases, me fumo frases.

Me duermo de lado en el curro, no lloro, disimulo, leo un contrato, bisbiseo, disimulo, escucho una queja, disimulo, me suicido y resucito sin disimulo.

Sudo tinta, no trasnocho, anochece a media mañana, sudo mador, hablo con Hilario, hablo sin Hilario, no doy pie con bola, enfrío paños calientes, me informo en el equis.

Doy consejos, me dan consejos, me rasco, otrosí digo, me arremango por la troika, afirmo, me niego tres veces, recuerdo poco, olvido mucho, maldigo la duda, sin duda la más tetuda. 

Busco, no encuentro, grito en silencio, veo sombras, persigo sombras, cierro puertas, abro puertas, a un año más. Vamos Vega!

Pasa otro año de Rises, me leo un Amok prestado, te escribo del revés, ya no sé lo que digo, solo digo una cosa, que envejezco a tu vez, y que te felicito otra vez.

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Muchas felicidades y un enganche

Esta felicitación no ha necesitado que la pluma cavile sobre el papel. Será porque ni tengo pluma, ni busco representar ningún papel. 

Esta felicitación daría positivo en cualquier control de alcoholemia. Será porque lleva muchos medios brindis en su zambomba. 

Esta felicitación resiste el asedio del espacio y del tedio. Será porque siempre se para donde para mi vida. 

Esta felicitación no necesita esperar a que llegue la inspiración de una prosa en verso. Será porque yo ya tengo el pasado resuelto por su amistad

Pues ¡ahí va el Ebro, gran Borin!, muchas felicidades y que cumplas muchos más. Por lo menos otros tantos como yo.

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Muchas felicidades


Ayer bajé como cada día a revisar el buzón de mi casa. Había una carta fechada para el 30 de junio de 2012, pero el destinatario no era yo, sino alguien con el que comparto mi vida casi desde el principio. 

Alguien que nunca se asusta, porque sabe que su vida comienza no solo cada 30 de junio, sino cada día. Alguien empeñado en ponernos una sonrisa en la boca, no solo cada 30 de junio, sino cada día. Alguien que es muy difícil saber dónde empieza y dónde acaba, de lo grande que es, y no solo cada 30 de junio, sino cada día.

La carta se abría con una clásica felicitación de cumpleaños, al estilo de la de los payasos de la tele, y se cerraba con el no menos mítico, ‘zorreras, que cumplas muchos más’.

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Miss 42

Hoy, como cada uno de febrero, no tengo más remedio que volver a nacer; o mejor dicho, volver a renacer; o cumplir con la vida, según se mire. Y con el blog. Que no es lo mismo, aunque a veces se parezcan más que un huevo a una castaña.

Y este año, ya que no recuerdo casi nada de mis aniversarios pasados, voy a celebrar mis 42 cardenales descubriendo algunos de mis mejores secretos a voces; esos que se parecen tanto a la trastienda de la realidad.

Seguramente lo haga como una especie de diversión ociosa. O como una obligación autoimpuesta. Porque al primero que he tenido que convencer para escribirlos ha sido a mí mismo.

O quizá lo haga simplemente por el deseo de dejar por escrito que tengo claro el sitio del que vengo. Y que me importa un bledo el sitio al que iré a parar, salvo que sea para volver a besarle los pies a la novia del mar.... porque yo no soy de esos que encuentran su lugar en cualquier lugar.

Así que antes de que me llamen a participar como imputado en el juicio final, confesaré que me declaro inocente de acusar sin pruebas, y que me considero culpable de reírme de los problemas con solución.

Y que no tengo la menor intención de asistir a mi propio entierro, pero tampoco me planteo ni en broma volver a nacer, ni siquiera aunque fuera a revivir fraternales amistades como la tuya.

Si me tuviera que definir con una almibarada, te diría que, de todas las profesiones, la que más me gusta es la de ecléctico, pero con un cierto tono literario. Por eso convivo a diario con mis lúcidas manías y mis malas sombras.

La prueba de ello es que prefiero acostarme tarde a levantarme pronto. Que prefiero el queso de entrante, y que jamás lo tomo de postre.

Que prefiero tirar de la manta y comprobar que aun se me levanta. Que prefiero parecer tonto, a abrir la boca y demostrarlo. Y que prefiero un montón de chicas a una chica del montón.

Que prefiero no obedecer a mandar. Que prefiero los recuerdos a los olvidos, aunque a veces no me acuerde de las cosas que me ayudan a olvidar.

Que prefiero lo demostrable a lo posible. Que prefiero leer una historia de pasión, a que me la cuenten. Y que prefiero las mentiras piadosas a las verdades como puños.

Y que me dan miedo los perros, sobre todo si sus amos dicen que no muerden. Y que me gusta oír llover, salvo cuando del cielo llueven estupideces hechas a la medida del hombre. Por eso me gustan tanto las metonimias inventadas contra la gris costumbre.

Y, de entre mis disgustos, destacaría que no me gusta fumar, aunque me gustaría que me gustara, solo por el placer de decir que lo hago 'porque me da la gana'. Y por degustar el cigarrillo de después.

No pretendo casi nunca comerme el mundo, ni busco una fórmula matemática para entenderlo. Y ni me gustan las príncesas reales, ni distingo el color de la sangre que dicen corre por sus venas.  

No me gusta presidir ninguna mesa, salvo que sea para negociar trivialidad, pero me gustaría atreverme algún día a saltar desde algún tren, aunque no se hubiera puesto en marcha.

Me gustan las historias con cabos sueltos, las novelas con estilo y sin argumento, y las tragedias de usar y tirar. Y aprendo el uso de las palabras a diario, con la ayuda del eco que me dejan las preguntas sin respuesta y los misterios por resolver.

Me decanto por los libros escritos hace más de cien años, esos que pintan la vida con colores diferentes, pero nunca leo a los clásicos de ida, porque siempre entiendo mejor las cosas cuando ya estoy de vuelta.

Aunque a veces te lo parezca, no valgo más por lo que callo, pero es cierto que solo suelo hablar de más cuando estoy como ausente. Por eso me gusta ironizar con ayuda de la ironía, como método de expresión que me defiende de la estúpida sinceridad.

Nueve de cada diez veces al día aspiro a ser digno de lo que me toca sufrir. Aunque casi nunca lo consigo.

También aspiro a pasear por el mundo disfrutando de lo que lleva existiendo casi toda la vida, y reniego con toda mi fe, esa que no mueve montañas, de los imaginarios paraísos prometidos sin carné de identidad.

No estoy hecho para tragarme el infinito, por eso nunca intento desvelar los interrogantes del destino, aunque me favorezcan.

Me conformo con intentar explicar lo razonable con humor, aunque no tenga motivo alguno para reír. Quizá por ello no suela responder a San Pedro, aunque me llame más de tres veces seguidas.

Y aunque solo pase del ecuador de mis días, no experimento la sensación de una vida que empieza; más bien me veo a diario ejerciendo de diferentes yoes de otras épocas; de perdedor de apuestas, de 'nueve' de España, de 'vega' de tantas canciones, de viajante de ropa interior, de vulgar seductor, de levantador de piedras filosofales, o de avivador de las cenizas de mis peores vicios.

Por lo general uno más mis pensamientos al de aquellos que lucen coronas de espinas, a los que les toca malvivir en la cara más oculta de la luna, y a los que se caen sin la oportunidad de volverse a caer. Y siempre guardo un abrazo placebo para los familiares y amigos que se fueron primero.

Me despido con algunos de mis mejores conformismos. Esos que solo me exigen disfrutar de las amistades que envejecen conmigo, de los remedios caseros para llegar a la meta, de los dobles sentidos con sentido, de las verdaderas falsificaciones que no me atañen, y del infinito tiempo perdido en esas pequeñas cosas que tanto se parecen a la felicidad.

Y para que todo esto te suene a algo conocido, te diré que en mi tocadiscos de siempre da vueltas insistentemente la misma canción favorita de ayer, y que mi ca, ca, ca, cabeza sigue dando vueltas persiguiéndote.

Salud.

PD.: Si te ha gustado esta autofelicitación, seguramente será solo por aquello que decía Unamuno, que las simpatías y las antipatías son siempre recíprocas.

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Los 40 cañones de Navalone

Creer que una cuarentena se celebra solo cuando cumples los cuarenta es tan estúpido como creer que dos y dos suman cuatro. Como aferrarse al calendario para no querer pasar página. Como intentar huir de todo empezando por uno mismo.

Porque las páginas de una historia personal, si también es ajena, se escriben cuando a uno le da la gana. Que para eso es tuya. A veces.

Por eso hoy lanzo una salva de honores por Navalón, y lo hago recomponiendo algunos pedazos de su vida con una sonora traca de más de 40 de cañones por banda, y sin viento en 'pompa' a toda vela.

¿Que por qué lo hago? Pues porque Navalón es uno de esos míticos por cuyas venas corre sangre del mismo paraíso que el mío, ese lugar donde nos es familiar lo que se esconde en cada escondite, ese lugar donde mejor sabemos resistir lo irresistible.

Y porque es de los amigos cuya biografía no autorizada se sigue escribiendo a la vez que la mía, utilizando para ello el presente continuo y el pasado perfecto. Porque estoy seguro que nada le parece ni la mitad de perfecto que nuestra amistad.

Y ya que no me lo preguntas te diré que su piedra filosofal es un mandamiento, simple, pero universalmente conocido, ese que dice que 'lo que te da dios, dios te lo quita'.

Por eso su vida no da vueltas sobre sí mismo. Por eso no malgasta el tiempo en llamar al coco, ni se ocupa de predecir el futuro. Por eso tampoco conoce el camino que lleva a la inopia.

Y por eso solo aspira a parecerse de mayor a él mismo, a ese tipo que vive austeramente ocupado en la perfección de sus quehaceres cotidianos, lejos de los márgenes del mundo y las escaleras de caracol, de espaldas a las intrigas palaciegas y a los rumores de las camisas de vestir.

Y por eso su legión de grandes amigos se cuenta con los dedos de las manos, amigos con los que gusta sentirse acorralado y por los que siente el respeto que solo se siente por un ideal.

Te diré también que es de esas personas a las que podrías confesar un horrible y premeditado crimen sin miedo a que te delatara. Incluso se dejaría envenenar con un mortal arsénico solo a cambio de sentirse agasajado después con un milagroso antídoto con forma de fraternal abrazo.

Al Navalón que yo conozco no le gusta discutir; de hecho casi nunca lo hace, porque se necesitan al menos dos personas para sentirse incómodo. Tampoco tiene enemigos conocidos, ni siquiera cuando ejerce con mano izquierda y guante de seda su práctico presente sindical. Y nunca zancadillea a nadie; seguramente por miedo a hacerse daño a sí mismo al salir corriendo del lugar del crimen.

Chavalón se angustia con tus angustias, y siempre encuentra un motivo para acordarse de ti, para alegrarse de tus gustos, para disfrutar de los problemas de la gente sin problemas, y para decir 'no' cuando piensa que no le necesitas.

Le gusta cumplir las normas, aunque le favorezcan injustamente. Por eso, en medio del desorden, se sabe rodear de su particular orden, de su eje de abscisas de los Hermanos Peredo, y de su eje de ordenadas del Embalse de Valmayor.

Y si alguna vez se lo preguntas, te contestará que le gustaría morir donde nació, aunque con su estilo irónico y mordaz también bendecirá el fruto de los Cienpozuelos que le dan de comer.

Cuando a veces recorre su vida, lo hace enfundado en unas viejas zapatillas, pero siempre con los pies en el subsuelo; por eso nunca se habla con fantasmas, salvo que sean del pasado. O salvo que vuelvan solo para recitarle fugazmente aquella mítica alineación del Bayern del 74.

Su cabeza está siempre llena de normalidad, y su corazón rebosa vivencias comunes, aquellas vividas cuando lo mío era igual que lo suyo, cuando era un pluriempleado mal peinado, cuando todos jugábamos a ser ‘ninios’ malos, cuando nos reíamos a diario de los gatillazos y de los polvos sin resolver, cuando el futbiolo con cola nos hacía perdernos la mejor mitad de la noche, y cuando, aunque tuviéramos ya más de cien años, todavía no sabíamos que no sabíamos nada. Como ahora.

Muchas felicidades, zorro. Y que cumplas muchos más, por lo menos otros tantos como yo.

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Otra cuarentena sin IVA


Hoy me asomo al balcón de otros 40 sin IVA. Y entonces me da la Ri. Y en el espejo se me aparece la tía Tula. Y me ladra un perro asirio. Y me olvido de las memorias de Trajano. Y soluciono, por fin, las dudas del jardín.

Y todas mis metáforas retoman su sentido. Y por eso me entran ganas de escribir una novela sobre la realidad. Una especie de ficción oficial. Con crimen, pero sin castigo. Porque en el blog no cabe la realidad entera. Ni siquiera hay sitio para media ficción. Sólo queda espacio para la rutina del bien y del mal.

Dicen que escribir es como imitar la vida. Por eso yo me conformo con deletrear este cumple como una lección ya sabida de antemano. Aunque lo que sé no es una verdad de segunda mano. Porque Ro frecuenta mi vida a diario. Porque la tristeza de las canciones le sigue sonando como algo deslumbrante. Y porque, con ellas y gracias a ellas, se sigue saliendo fácilmente de la vida.

Por todo eso. Muchas felicidradres.

PD.: 'Piénsate bien qué vas a hacer, una buena juerga o desaparecer'.

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Los 40 de Silvi

Mucho antes que el caminante de Johnnie Walker sufriera los rigores de los creativos y cambiara el sentido de sus pasos, existía ya La Venencia. Corrían tiempos de platos rotos, de resacas diarias, de amaneceres tardíos; tiempos de mocedad y salves rocieras, tiempos de aceite Ybarra y olé, olé y olé; tiempos de fascinación por lo imposible, de generosidad siempre al alcance de la mano.

Poco tiempo después se constituyó el Aula, y, con la ayuda de los éxitos académicos cosechados, La Venencia se embarcó hacia su única vocación real, el arte, ése que les ha proyectado hacia la celebridad cotidiana, que representa por sí solo una manera especial de vivir, y que les convierte en un activo intangible de carne y hueso.

Durante este proceso de metamorfosis es cierto que su anagrama también se ha modificado, como el de Johnnie. Pero el cambio es sólo una especie de maquillaje literario, al estilo de la Belisa de Lope, porque su esencia también ha permanecido inmutable.

Y Borja, que conoce esta historia de primera mano, prefirió ponerse otra vez en manos del incondicional apoyo venenciero. Prefirió la novela romántica basada en el predominio de la imaginación. Prefirió conferir prioridad a los sentimientos. Prefirió buscar lo imposible con un lenguaje renovado. Prefirió dar ilusión a la realidad. Prefirió combinar el vino decantando con las emociones ensalzadas.

Y por eso, para celebrar de una manera sonada los primeros cuarenta años de Silvia, se olvidó de agarrarse a migas rotas y confió ciegamente en aquello que permanecía unido por una indestructible amistad.

Y así se fraguó la ‘cuarentena’ en la sede de la Virgen de la Paloma, paso a paso, con secretos gritados a los cuatro vientos, justo al mismo tiempo que los espejismos de unos se cruzaban con los de otros.

Y para conseguirlo se viró a babor desde Deluz hasta Catal. Y se mandaron mensajes sin destinatario. Y se decoró la sede social con flores perfumadas y con manteles de color. Y se izaron velas con jamón y queso. Y se cortó pan blanco. Y se oreó vino de reserva antes de ser catado. Y se bebió con pundonor. Y se contaron los amigos de dos en dos, inflamados en amor patrio.

Y se proyectaron felicitaciones e imágenes llegadas de allende los corazones. Y se monologó. Y nos dimos las emotivas gracias. Y la emoción se hizo visible. Y se rió con expresiva franqueza. Y se cantó el cumpleaños feliz. Y se enmarcó un bodegón. Y se firmó en el libro de familia de los amigos. Y se acabó con un brindis cuando ya casi salía el sol.

Así se tejió este especial aniversario feliz, con una encuesta de satisfacción, con una nota de sobresaliente para el comité organizador, con la patente de la felicidad rubricada, y con un regusto en el paladar como sólo lo saben degustar los amigos para los que el mundo sería distinto sin compartir momentos como éste.

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Las 40 trompetas de Agux

Él seguramente no se acordará de aquel momento, porque el olvido también es selectivo; casi tanto como la memoria. O quizá no lo recuerde porque la pequeña historia que voy a contar sea sólo un trasunto antediluviano vivido a orillas de la academia Osma. O puede que sea sólo fruto de mi dulce paramnesia.

El caso es que faltaban sólo unos días para el examen final: el tercero, el del pasmo, el del ser o no estar, el de los indultos; el de los anversos; el que se libraba en el margen del mundo, en la apacible cima del horror.

Y entonces yo, joven aspirante sobre el que pesaba el dudoso honor de haber vivido un año antes aquel mismo abismo, recibí una llamada de teléfono de Agux.

Era una llamada de las de antes, con el 91 delante, de fijo a fijo y sin display de reconocimiento previo. Una llamada en la que me pedía que recitara en prosa los diretes de mi experiencia de aquel mismo día del año n-1.

Y, aunque suene a falsa modestia, lo debí hacer bien, porque el recio tribunal tragó con los dos; quizá porque no querían interrumpir el encanto de aquel principio de amistad.

Y desde entonces vivimos vidas profesionales paralelas, como las de Plutarco; y vidas personales entrelazadas a base de una infalible amistad, como algunas otras de la 9/97 que ahora no recuerdo.

Por eso hoy aplaudo en alto su feliz cuarentena, su primera media mitad, el siguiente punto y seguido de una biografía redonda, cuajada de un vistazo. Y para celebrarlo me vuelvo a dejar crecer la gorra de narrador de otras vidas; vidas que, de alguna manera, también me pertenecen.

Y ahora, para tamizar esta carta de cordialidad e ironía, podría relatar algunas peripecias de su infancia vividas a orillas del Tormes. Pero es que no las conozco. Aunque si lo hiciera casi nadie se daría cuenta del desliz, porque esto de la pluma es sólo cuestión de imaginación y desvarío. Y de más pluma.

Así que antes de regresar al futuro para hablar de su pasión por el jazz y de los dobles fondos donde esconde cedés de la vieja Europa del este, os dibujaré su perfil desde mi inopia ‘de la cántabra’.

Para ello me valdré de las haches mudas y de algún que otro palíndromo y, sobre todo, de un ramillete de palabras especialmente escogidas para que se anoten en el libro de familia que se escribe mientras se comparte la vida.

Empezaré diciendo que al Agux que yo conozco nunca le imagino asistiendo a ningún Concilio de Trento; será porque nunca necesita pedir perdón a sus amigos. O será porque existen demasiadas dudas en la fe.

Seguramente por eso su verdadera vocación no es la de cura, sino la de padre; profesión de riesgo que ejerce como nativo las 24 horas del día, tanto en noches laborables como en fiestas de guardar.

Y hoy, el 14 de julio del pobre de mí de 2011, cumple sus primeros 40 años a bordo del mismo cascarón de siempre, al que ha sumado tres costillas descendientes, todos varones, y mucha retranca compartida con su portal de Belén.

Gascó es un deportista activo, de los que practica en buena lid con la fuerza de un verraco vetón. Por eso no le pega ni el amanerado apelativo de ironman, ni los dopajes con pastillas de diseño.

Es de las personas que no necesita caer para volver a subir, y tampoco se empeña en desenrollar las persianas del revés, porque su cordura no le obliga nunca a querer ser más de lo que es.

A Agux nunca le delatan las torpes explicaciones que están de más; por eso no suele hablar ni del fin del espacio infinito, ni del invisible paso del tiempo. Y aunque se pasa por el forro el decreto ley del aparentar, nunca hace ascos a un buen juego de palabras, de ésos que sabe de antemano sólo conducen a un buen eclipse de mar.

Aunque te parezca un hombre de callados exilios interiores, si te quitas la cal de los ojos y te aflojas el nudo de la garganta, encontrarás un ácido conversador que se rodea de ingeniosas metáforas al calor de sus cuatro paredes.

Y delante de una mesa decorada con una fabada asturiana siempre se comporta con heroico valor, como uno de esos hombres de hierro forjados en tantas batallas que acaban lanzando promesas cuando rebosan los vasos.

Si te da por ser bilingüe en noches de insomnio, su blog te sacará de la mediocridad que te mece, y entonces entenderás que ya se mentía sobre el freejazz antes del mayo de París.

Ya hace tiempo que, de noche en noche, se transforma en nuestro perro lazarillo del jazz; y lo hace sólo para mostrarnos la diferencia entre las puertas falsas y las verdaderas. Pero es que, para los ignorantes que le intentamos seguir, cualquier puerta es válida cuando es el ilegítimo de Tete en la tierra quien nos la intenta mostrar.

Muchas felicidades, gran Agux, a ti te deseo éxitos a pares, y a vosotros otros sólo os deseo amistades simpares como la suya.

Y te mando este rito de amistad en un día de esos que huelen a acontecimiento importante. ¿Qué por qué lo hago? Pues porque unos dicen que es el destino. Otros que es cosa de dos. Otros que es cosa de Dios. Algunos dicen que es la química, como explicación que no explica nada.

Yo digo que el secreto de la auténtica amistad pasa de un tiempo a otro y nadie es capaz de determinar su verdadero sexo y condición.

Fuerte brazo, compañero.

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Cumpleaños feliz

Hoy cumple 42 palos el Borin. Y a mí casi se me pasa, porque yo me acuerdo de su amistad todos los días. Y ni sanseacabó ni sanseempezó. Porque, para él, vivir es un deber. Y lo celebraremos el viernes. Sin togas azules de nailon. Con medias rondas. Y hablaremos del Cáucaso. Y de la tía Tula. Y del apagón DELUZ. Y de la falsa pasión. Y de las ventajas del servicio militar. Y de los ingresos de los sindicatos. Y de la gracia y la belleza de algunas lugareñas. Y de la inmortalidad. Y del Vega. Y nos reiremos con sonrisa de guerra. Y, para acabar, un taxi y a la noria.


Muchas felicidades, catacrack.


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Marina d’Or

Este lunes, 30 de mayo de 2011, se disfraza de domingo, de feliz cuarentena. Es un día especial, con huella, con ceremonia. Porque, aunque salga el sol como siempre, sus rayos apuntan especialmente a alguien. Y por eso ahora se me amontonan en la mente los recuerdos de cuando yo estaba a punto de cumplir cuarenta años. De eso hace ya más de un año.

Aquéllos no son días como los demás. Supongo que sea porque recuerdas todas las cosas que te quedan por vivir y te entra cierta prisa vital. O quizá sea porque recuerdas algunos antecedentes familiares y personales ya vividos, o fraternales signos de amistad que te faltan, o síntomas superados de algún viejo desafío. Y aunque el saldo sea netamente ‘seropositivo’, a uno le suena toda su música a una especie de reyes magos y carbón.

Pero entonces alguien se acuerda de ti y te escribe en voz alta un autorretrato dedicado, y además te dice que eres parte importante de su vida. Y que la tuya es una amistad como hecha de nubes, como una emotiva balada del Vega, de ésas que recibes en cómodos plazos cuando más la necesitas.

Como hoy, el día que llega el turno de oficio para los cuarenta de Marina. La MVP de la 9/97 del caserón de Cibeles. La infalible madrina de la farsa que nos da de comer y que nos unió ya hace años en bienaventurada amistad.

Y la Lombardero ha llegado hasta aquí con su invisible hoja de servicios inmaculada. Porque ella nunca se acuerda de traicionar a nadie. Porque está condenada a ser decente. Y porque sigue luciendo la misma buena estrella que la chica ‘osma’ que yo conocí.

Incluso, cuando a veces le da por defiender amistades indefendibles, lo hace sólo por temor al eco que queda cuando llamas a las cosas por su nombre. Y porque es de las personas que prefieren las historias con final feliz.

Por eso, si yo os mostrara el semblante de la Marina que se deja ver, sentiríais un derroche de rectitud en defensa propia; sentiríais una lucha permanente en favor de las utopías más rutinarias; y sentiríais el fragor de la batalla contra lo más injusto del mundo. Porque la injusticia, ante ella, pierde todas sus coartadas.

Y, siendo yo justo, os diré que fue precisamente ella quien me llevó la primera noche ‘al Penta a escuchar’; vivíamos entonces en plena resaca de la movida madrileña y, seguramente por eso, las primeras canciones de las que se acuerda hoy siguen siendo las últimas que aprendió entonces.

A nuestra Marina no le gusta escurrir los bultos, y siempre prefiere saludar de refilón la notoriedad. Y eso que, en días de estreno, sabe sobreponerse al temblor del hilo de su voz para dar espléndidas clases sobre el debe y el haber; y lo hace por vocación y gusto, aunque ella prefiera cobijarse en el vil metal.

Y es de las personas que nunca se acostumbra a vivir sin esfuerzo propio; quizá por eso en su mano izquierda siempre guarda escondido un impreso de trabajo para surcar los mares de algún nuevo organismo internacional lejano, pero su maleta va cargada del aliento de tantos amigos que al final acaba pesándole la decisión casi tanto como lo que ella vale.

En ocasiones la fuerza de la gravedad le hace deshojar la media margarita de su vida; e imagino el miedo que siente a que venga otra vez el lobo del quizá. Por eso no para de mirar al cielo para intentar tapar algunos agujeros de su rastro.

Y yo estoy seguro que acabará encontrando ese lugar seguro donde ir a parar, para olvidarse de tener miedo, para que la noria gire en el sentido correcto, y para terminar de cruzar de par a impar los confines de la felicidad.

Muchas felicidades, Marina, te deseo siempre lo mejor de lo mejor, y aprovecho esta redonda ocasión para recordarte que la más preciada página de tu vida, ésa en la que aparecemos tus amigos, no está por escribir.

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Un chascarrillo de cuarenta

Es la hora de mandar a la cama a los menores de edad y a los duros de pelar. Llega el momento de meterse la tristeza en el bolsillo y de poner la careta de cartón, porque hoy festejamos que otro de los grandes dobla hoy su vida en muchas partes.

La afortunada es otra de las personas que, aunque no aparezcan, pertenecen a mi libro de familia. Y yo no me canso de recoger los cabos sueltos de interminables historias sin acabar, para hacérselas invisibles a todos, en especial a los que han formado parte de mi vida.

Y es que dentro de una gran familia numerosa, como es la suya, imagino que quede poco tiempo para uno mismo, y de ahí el atasco en la apertura siciliana de la 'novela de ajedrez'. Por eso reclamo un minuto de gloria para mimar una amistad sin punto final.

Y como su cumple cae casi siempre el día siguiente al mío, me ha tocado cantarle las cuarenta justo un día después de dejar formalmente la crisis de mis cuarenta. Pero no me preguntes cómo la superé. Hoy no sería capaz de mentir.

Lo que sí es cierto es que yo podría haber elegido nacer antes. O en verano. Podría haber elegido otro año u otro lugar. Pero pocas veces imaginé que un día un amigo fuera tan real como el pasado que nos une.

Por si no le conoces, me permitiré realizar mi particular recorrido por su autobiografía no autorizada.

El Carri que yo conozco es una persona estricta con lo estricto, pero que sabe abrazar las causas perdidas, y por eso se traga cualquier excusa por mala que sea, aunque sepa de veras que es una mentira a voces.

La música no le suena de nada; lo suyo son las ciencias más que las letras, aunque yo recuerdo su vida llena de enormes letras pequeñas. Y no encuentra los grandes placeres de su vida en la novedad, sino en la costumbre.

Le importan mucho las normas, sobre todo si no le favorecen, pero disfruta del calambur y la digresión casi tanto como del tercer plato del potaje de cuchara, aunque se escriba con gué.

Es de los que tienen prevista toda su existencia hasta la vejez y, aunque no le gusta pensar demasiado en su sino, disfruta a diario separando el si del no.

Nosotros solemos dogmatizar a la ligera sobre asuntos serios que ahora no recuerdo, y casi nunca suelo  convencerle de que lo negro es blanco, porque es firme en sus convicciones, pero también sabe cuándo echar abajo sus principios para reconciliarse con el género humano.

Juega con las palabras con perífrasis y bromas que desarman al más bromista; por eso del verbo echar, lo segundo que echa es la hache. Pero no tengas cuidado, con su ironía te engaña, pero nunca te miente.

En ocasiones le gusta mezclar la cola zero con unas gotas de güisqui, pero sólo para intentar no distinguir el bien del mal. Y si es noche de concierto, aunque no sean los Hombres G, nunca te deja con una entrada de más cuando tu ex pareja te hace de menos.

Si cunde la debilidad y crees que la tristeza te espera, Carri sabe cómo levantarte el ánimo convirtiendo la esperanza en hábito.

Si le preguntas dónde, te remitirá a sitios que ya conoces. Si le preguntas cuándo, ya estará a tu lado. Si le preguntas cómo, convertirá lo imposible en difícil. Si le preguntas cuánto, te responderá que infinito y uno. Y si le preguntas por qué, es que no habrás entendido nada y deberás volver a leer este texto desde el principio.

Muchas felicidades, Carri, y aprovecho para agradecerte con la mirada tu saber ser y tu querer estar. Si no me quito el sombrero ante ti es sólo porque no uso. ¡Ah!, y no te olvides de decirle a todo el mundo que nuestra amistad es un gran secreto.

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Alejandro Hidalgo, número 10

Esta feliz 'cuarentena' quizá no llegue a su debido tiempo, pero es que hay cosas que recalentadas saben aún mejor.

Yo se la dedico por Navidad al Teniente Gutix, mi medio limón, la cara siempre amable de mi cruz, mi infinito número primo.

Por si te quedaste excedente de cupo te diré que el Teniente es mi binomio en la reserva, el imaginaria de guardia cuando el mundo se vuelve injusto.

Con él compartí la trinchera del General Vives en tiempos de guerras nocturnas y resacas de paz y, quizá por eso, en el pasado siempre me encuentro de ‘semanilla’ con él, y el futuro no me cuadra nada sin él.

Porque el Teniente siempre encara la vida bien encarado y nunca pone peros a los sueños caros. Y prefiere imaginar una escena de cama a protagonizar un melodrama fingido.

Tiene la buena costumbre de saber perder el tiempo a fondo, y casi siempre consigue encontrar el encanto de lo inútil. Pero si le das a elegir, preferirá el con al sin.

Las promesas que más le gustan son las que sabe que no hay que cumplir, por eso su horóscopo siempre le presagia bienaventurado en amores.

Si te gusta el humor negro, con él darás en el blanco, y como prueba te ofrecerá un sencillo motivo para no cortarte las venas.

Como fiel hincha de su atleti de espinas aprendió de joven a cruzarse de brazos cada domingo, y a sufrir en silencio las pesadillas de la diosa Cibeles. Por eso el despertador nunca le interrumpe sus historias para no dormir.

Lee el MARCA a diario, aunque siempre tiene una contraportada del AS escondida en la manga.

Nunca duda en ponerse el 'mimeta' de combate y tocar 'generala' cuando yo necesito pervertirme en serio, porque nunca me abandona a mi suerte, aunque sea buena.

Por eso tengo la fortuna de poder escribir que es un amigo del alma, y eso ya no tiene vuelta atrás.

Jefes de Unidad, salgan de filas.

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No me lo creo, Nena

Hoy visto mi blog de fiesta grande, de tiros cortos y de chaqué alquilado. Y lo hago mirando de reojo a través de las gafas del amigo eterno de Zweig…..

¡Sólo espero que alguien muy especial estrene hoy un glamoroso vestido de segunda mano para que este día no pase desapercibido!

¿Sabes por qué? Porque mientras algunos seres racionales piensan que los cumpleaños no tienen importancia y los consideran días como cualquier otro en los que hay que ir a trabajar, a mi no se me ocurre mejor ocasión para celebrar por todo lo alto la media vida Ro.

Y por eso no quiero dejar pasar la fecha sin marcarme otro monólogo biográfico, otra ‘cuarentena’ dedicada; Vamos, que no me contento sin agasajar a esta nueva cifra con unas viejas letras.

Por eso, Ro, te dedico un bis por anticipado, un cariñoso abrazo para dejar escrito que no sólo nos unen mesas de trabajo, sino imaginarias mesas de comedor y un montón de prometedores naufragios encerrados en cientos de canciones tristes aún por estrenar. Ya sabes, de ésas que nos alumbran las risas de siempre.

Y por eso celebro que nos queda otra mitad y media para seguir recordando con emoción cada doce de mayo y cada diecisiete de noviembre. Para no dudar que hay invisibles lazos que no se pueden romper.

Y no creo faltar a las leyes del decoro y el honor si clasifico a las personas en dos bandos. Las que consiguen valorar a Quique por lo que no dice, y quienes se beben un daiquiri sin darse cuenta de lo que ha querido decir.

O las que lloran de risa por la crueldad del payaso de mikolor, y las que se saben reír de las desgracias propias y de los imaginarios paraísos perdidos.

Si tú también utilizas el pensamiento lateral y sucumbes ante el BIS tres, pero aún no sabes en qué grupo milita Ro, te daré una última pista, ‘ficaz’ y retórica: La Ri nunca te pide cuentas, nunca te vende y nunca se salta un paso de la amistad.

Si sigues sin entenderme será mejor que entones el himno de los vencidos, pero bien agarrado a una cerveza con mucho alcohol y a un buen vaso de whisky del malo.

Y, antes de volverme a contar las baldosas al andar, aprovecho para decirte que cuentas conmigo entre los tuyos y que, de todos los caminos que te quedan por explorar, aunque escojas el correcto y aunque tu destino sea algún Emirato cercano, juégate sin miedo un cirsa a que yo cogeré el mismo. Esta vez no hay tocomochos ni anagramas; es sólo cuestión de principios.

Muchas felicidades y que cumplas muchas más vidas, por lo menos otras tantas como yo. Y no olvides guardarme un sitio en la fila uno del próximo concierto, donde seguiremos desafinando con el alma joven y el vaso lleno, esperando que vuelvan a salir otros mil soles espléndidos de amistad sincera.

♫ Cuando estés en vena
acuérdate de mí
trataré de ondear mi bandera.
Seré tu cable a tierra
daremos una vuelta por ahí ♫

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40 tacos y un enganche

El calendario escupía una fecha importante en mi autobiografía no autorizada, y yo quería hacer algo distinto, original, algo que quedara de recuerdo. Le di vueltas y vueltas al magín y al final me llegó la inspiración: ¿por qué no hacer un fiestón con los amigos de siempre y atizarnos unos copazos a mi salud? La insólita apuesta salió bien.

Pero tuvimos que apurar hasta el fondo el aceite de la vida; tuvimos que volver a experimentar con nuestras formas más juveniles, y ahora estoy feliz; por eso enciendo un cigarrillo imaginario, que no es como el de después, es mejor. Es de inmensa satisfacción, de honda calada.

Fue un gran día. Una gran noche. Disfruté porque no se respetó ninguno de los prejuicios conocidos, ninguna de las supersticiones desconocidas. El viernes todos creíamos que Elvis seguía vivo. Cada cuatro minutos importunaba un divorcio en algún lugar, pero a nadie le importaba. Y la respuesta no estaba en el viento, sino en el fondo, en el fondo del vaso.

Contar un sueño es casi siempre falsificarlo, así que no pienso hacer la contracrónica oficial. Dejaré la noche como está, fundamentalmente porque todo lo que es interesante no se puede contar, y todo lo que se puede contar no es interesante.

Dejo en el muro a los que dieron su vida por la patria. Mis más sentidas gracias a todos. Ha sido uno de los días más felices de mi vida. Gracias a vosotros.

Agux, Carri, Rocío, Jeremy, Marina, Fergó, Verónica, Marián, Valva, CIA, Toly, Lation, Bárbara, Navalón, Pet, Sepe, Borin, Silvia, Toy, Menchu, Pablo, Rosa, Esther, Toñín Gerson, Chisco NMISA, Javi Shat, Natalia, Litros, Tati, Nando de la Cántabra, Marta, Janis, Carmen Pérez, Kike, Isabel, Susana, Quique, Paquito Gento, María, Cristina, Chiwi, Chiwa, Panchín, Blanco White, Alvarómetro, Chus, Rosa, Nandín, Eli, Pili, Manolo, Carmen Robles, Padre Arias, Madre Robles, Asun y Marta.

….y a las ausencias que por imperativo legal no pudieron asistir, os mando un abrazo de la misma intensidad. Se os echó en falta. Mucho.

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Espejito, espejito, ¿tú cómo me ves?

Espera. Calla un poco, porque yo me siento ‘like a nacha pop star’ y con algún reflejo fugaz de los ’80….. y eso que esta mañana me han vestido de cuarentón y ya estoy más cerca de asaltar el minibar que de irme de botellón.

Es verdad que aún no he escrito un libro. Ni he tenido un hijo. Aunque lo compenso en parte porque he plantado varios pinos.

No es mal comienzo para una vida, aunque a veces me da la impresión que me quedan más cosas por perder que por conseguir. Puede que sea porque no lo estoy haciendo del todo mal. ¡Quién sabe!

¿Y si fuera yo uno de esos que calibran su vida por el número de desilusiones que acumulan? ¿O de los que suman el número de veces que consiguen ilusionarse de nuevo otra vez? ¿O de los que la miden por el número de amigos que dicen tener? ¡Quién sabe!

Yo prefiero ‘medírmela’ por el número de amigos que sólo sabemos tú y yo, pero no me preguntes cuántos son porque mentiré de nuevo. Pues, ¡venga!, pongamos que hablo de mí y de mi itinerario biográfico.

Te diré que, mientras busco algún lugar seguro adonde ir a parar, hay días en los que me da por juntar el punto y la coma, pero sólo por afán de darle a la vida una pausa mayor que la marcada sólo por la coma, y menor que la señalada por el punto.

No me quito muy a menudo la envoltura con los éxitos, ni tampoco me subo rápidamente los pantalones tras cada fracaso. Confieso que no me hago la cama a diario, que me ducho todos los días, ‘haiga’ falta o no, y que sólo pongo el lavaplatos cuando no entra ningún cacharro más. Y ni me tinto el pelo de blanco ni me pongo cremas. Ni siquiera en los codos. Y todavía no uso el truco de quitarme kilos y ponerme gramos.

Me declaro culpable de no querer tomarme la vida demasiado en serio, y mucho menos la tuya, aunque algunos días tiren a morder, pero es que tampoco me gusta vivir con las cartas marcadas, salvo que sea para ganar. Y me divierte mucho mentir con ayuda de la ironía. Y en esto no te dejo ayudarme. En lo otro tampoco.

Me seduce la música que te parte delicadamente en dos, y sigo viendo los partidos de fútbol como algo más que partidos de fútbol. Y a vosotros no os veo como amigos; os veo como aliados que me dan la vida.

No me gustan los consejos, salvo los de administración, y a quien más aplaudo es al que cuenta lo razonable con humor. No gasto tiempo en los problemas de la gente que no tiene problemas, y sigo pensando que cada cual tiene todo el derecho de este mundo a buscar el camino hacia el infierno a su manera. O hacia el cielo.

En ocasiones el pasado me huye, y eso que aquellos recuerdos que suelo sobrevolar tienen cada día mejor pinta, pero no soy de los que eluden volver a pisar el ayer, aunque es verdad que a algunos pormenores los dejo ahogarse bajo tierra.

¿Y el futuro? Pues no pienso mucho en él, aunque hay días que lo veo pasar muy rápido y otros que me pasa demasiado lento. No está entre mis propósitos dejar de fumar y lo único seguro es que pienso seguir contando las baldosas al andar, y llorar por los que ya no están como sólo saben llorar las mujeres.

Igual suena raro todo esto, pero no quería dejar pasar el día en el que cumplo públicamente 40 años sin escribirme unas letras, aunque lo más seguro es que no me guste releerlas dentro de otros 40, porque lo que se dice suele doler más que lo que no se dice. Por eso este blog no suele hacer daño a nadie.

Punto y aparte. Si necesitas malearte para tomar impulso y no encuentras a nadie, cuenta conmigo. Te espero donde siempre

♫ Piénsate bien
qué vas a hacer
una buena juerga
o desaparecer,
es tu día de suerte ♫

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Se me mira esto

Me lo estáis poniendo difícil; pero no me quejo, porque trajearme de brindis es lo que a mí me provoca los más pequeños placeres. Como en otras ocasiones parecidas de este 2009; y es que la cosecha del erótico 69 es un gran ejemplo del ejercicio del santo sacramento del matrimonio. Y de sus frutos.

Así es este jueves de domingo, 17 de diciembre, un día en el que voy a volver a pisar unos cuantos charcos del ayer, pero no sin antes cumplir con las ganas; las que tengo yo de mandar por correspondencia unas palabras de verdadera amistad a un gran amigo que hoy cumple con su cumple, pero no uno cualquiera, el que suma hasta cuarenta.

Venga, todos conmigo: ‘Answer the following questions about the information given apart’; ¿Y? Pues eso, que mi felicitación es tan espontánea que hasta la pondría por escrito en este blog si fuera necesario; pero entonces la estropearía, porque a él le gustan casi tanto como a mí los dobles sentidos y las cosas que lo son sin parecerlo. Aunque bien pensado, una felicitación de más nunca está de menos. O al revés.

Ahora sí, ahora voy a enredarme en los hilos del tiempo; pero en buena lid, como nos enseñaron en empresas, siguiendo lo que preceptúan los criterios hermenéuticos del artículo tres…… ¡como si me acordara ya de ellos!, ni que fuera yo Sebastián Tolomeo Ormazábal. El de Laguna de Zamora.

Lo que sí está a mi alcance es rememorar dónde acababan las gotas de vaho que recolectaba minuciosamente de las cristaleras del colegio de los padres Escolapios, y cómo viajaban casi artesanalmente al peliso de alguno. Necesitaría tres o cuatro perras vidas para olvidarlo. Aquello fue humor a primera vista.

Eran los días en los que se dedicaba a grabarme decenas de casetes TDK de 90’ para poner en el loro del renault 5 o del mini amarillo; confieso al mundo que estaban repletas de infumables canciones de grupos extranjeros semidesconocidos para mí. Alguna anda todavía sobreviviendo por las cajas de mi trastero; la mítica de ‘¿quién ha pedido callos?’, por ejemplo.

Y yo entonces quería salir del armario musical y gritar a los cinco vientos que a mí los que me ponían eran Olvido, Enrique, Jaime, El Loco y Antonio, sobre todo, Antonio. Pero a cada rato me recordaba en tono venenoso al doctor Azuara, y aquello de la dialéctica, la altura y el músculo. Y claro, así me costaba salir.

Pero debe ser cierto que en el cielo también llueve sobre mojado, y por eso mismo la vida está hecha para intentar vivirla como él lo hace, como gato panza arriba y a grandes tragos, y si puede ser retocada por un blanquísimo humor negro, por una insolente burla, mejor.

Voy a decir una cosa que no valdrá para nada, pero por eso tiene algún valor; hoy es el día en que la gran mayoría de mis mejores cicatrices, de los grandes e irrepetibles momentos pasados, siempre llevan la guinda de su fina ironía y su noble amistad. Lástima que la felicidad eterna cada vez dure menos.

Muchas felicidades, Alvarómetro, de mi parte y de la de otros tantos grandes amigos del ex grupo de moda a los que, al leer esto, les pasará como a mí ahora, que notarán algo en el estómago al acordarse de lo mucho que llevamos todos de ti.

Vamos

Punto y coma. Si te encuentras una ele, y lo de dentro tiende a uno, el límite es igual a lo de dentro menos uno. Como siempre, absténganse La Laguna y Santander.

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