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Su día libre



No. No es una recomendación. Es una imposición.

Es una canción, sí, pero no es una canción cualquiera. Es un tema para cobardes. De esos que se mueren varias veces al día. Los valientes de una sola vida quedan exentos por esta vez.

Si me haces caso y la escuchas a solas, la eternidad te pasará muy lentamente. Te parecerá que la vida no vale para nada, salvo para escucharla de nuevo. O te parecerá que la música va en una dirección mientras tu vida toma otra distinta.

Te parecerá que tu casa no tiene exteriores, y tan solo lucirán los interiores de tu personalidad.

Te confesarás contigo mismo y sólo mirarás a los demás con el blanco de los ojos.

Si me apuntaras con una pistola te diría que es mi favorita de Quique, pero como eso es un tema personal, lo guardo para mí solo.

Te dejo que la escuches para que 'entres en los sueños de alguien'.

GrandeQuique

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Desbandados

Te aviso con tiempo.

Acaba cuanto antes las 'Vidas paralelas' de Plutarco y pilla una entrada para desbandados.

Volverás a los sitios donde nunca has estado.

Grande.



Quique González - Nueva gira en acustico "Desbandados" from Last Tour International on Vimeo.

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De principio a fin

No me resulta muy difícil escribir la crónica de una noche de concierto en la que he sido juez y parte. Con reflejar lo que me venga en gana basta. Además, yo lo hago sin mucha luz y sin saber utilizar el taquígrafo.

Y ‘basta’ significa aguantarme un poco la respiración y no hacerle mucho feo a mis deseos. También ayuda ponerte a escribir vestido con un disfraz de aprendiz de impostor y, sobre todo, tener ganas de juntar la burla y la verdad, la antipatía y la simpatía, el rigor y el cinismo, porque es demasiado difícil quedarse seriamente a solas con uno mismo.

Lo bueno es que, si hoy falto a la verdad virtual, sólo me podrán contradecir los conspiradores que estuvieron allí. Bueno, y los honestos exs, que conocen perfectamente mis ciencias ocultas, incluso ausentes a 400 Km de distancia.
El concierto respondió a lo que todo el mundo espera de una noche cuando se juntan un Palacio de Congresos atiborrado, un sonido excelente, un disco redondo debajo del brazo y un pedazo de artista en el escenario.

Además nuestra expedición lo tuvo fácil, jugaba con ventaja, con el sistema métrico decimal en el olvido, con el tridente Ri revestido bajo la talla eme de señora, y con las canciones de Quique bien marcadas bajo la piel.
La del sábado fue una jornada de evasión y victoria y, mientras se cantaban los goles del Madrid bien cerca, la liga se marchaba bien lejos. Aunque de eso me enteré al final. Cuando a la salida del concierto me encontré al inconformista, al inmigrante, al turista y al intelectual; y tras ellos, a esa turba de aficionados infelices por haber ganado.

Hasta entonces me olvidé del fútbol, porque mientras escuchas a Quique nadie se acuerda de sus pastillas contra el desamor. Nadie prefiere los diretes a los dimes. Nadie se confiesa por no haber pecado. Nadie se para a pensar en ti. Nadie nos advierte que no hagamos lo que queremos hacer. Nadie nos recuerda la manzana de Eva. Nadie piensa que su hora está aún por llegar. Y nadie quiere irse con la música a otra parte. Salvo Nagel, que llegó tarde, frunció el ceño algo menos de lo esperado, y se fue pronto.

Dentro del Palacio los nuevos jóvenes seguidores del Daiquiri aplaudieron con entusiasmo, descubrieron sus caricias más ajenas, como recién llegados, como si hubiera acabado ya la guerra, como si hubieran ganado ya el jubileo, como si hubiesen abrazado ya al apóstol Santiago. El relevo generacional está servido.

Y tras el concierto tronó santa bárbara y quisimos tropezar con el Edén express, hasta que al final lo encontramos entre bravas y croquetas. Allí mismo de la nada floreció una especie de bolero de sonrisas llegadas del sur al norte, recuerdos de relaciones de ida y vuelta, traspasos amañados de oficina a central, amores mudos de conveniencia, y hasta proyectos de alta mar desde tierra firme.

Yo me quedé con las ganas de cometer algún exceso a favor de mi salud. Ya sabes de qué tipo. Y es que de exceso en exceso se sobrevive bastante bien. Se te acortan las penas y se olvidan unas cuantas normas. Por eso me gusta tanto abrazarme a melopea. Será a la siguiente. Eso espero.

Hasta el miércoles. Ya ha pasado un año.

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¡Hurra por los que vendrán!

Vamos a intentar excitarnos el entusiasmo, porque la alegría viaja esta vez por adelantado. Ha llegado el momento justo para dejarse olvidadas las conjeturas en el trastero. Es la hora de disfrutar de la previa. Porque mañana vamos a ver al Quique. Otra vez. Los de casi siempre, pero multiplicados por tres. Multiplicados por Ri.

Quique ha elegido el ocho del cinco a las ocho, que suena muy bien. En el Palacio de Congresos de Madrid. Ya sé que no es ni catorce de febrero ni el veranillo de san miguel. Ni falta que hace. Con que no truene santa bárbara me conformo, por dejar a los santos en paz.

Para la gran convocatoria de mañana no ha hecho falta citación judicial, aunque alguna vaya un poco obligada. Mañana quedaremos en alguna glorieta en busca de la gloria eterna. Después del concierto seguiremos hablando de lo cotidiano.

Hasta entonces.

♫ Hey, no es mi intención cargar con la culpa,
no siempre estoy dispuesto a vivir
frenando en casi todas las curvas,
ni levantándote las faldas al bailar
cuando las dudas nos empiecen a crecer ♫


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Daiquiri blues

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Anoche estuvo aquí

Iba a escribir alguna frase brillante; ya sabes, de las que salen en los calendarios que regalan los bancos por navidad. ¿Qué no las conoces? Consigue un saldo en tu cuenta corriente de al menos 100 leuros y ya verás como te regalan uno.

¿O acaso estás en contra de los bancos? O peor, ¿acaso tienes ideas propias? Yo las tenía, pero la mayoría de las veces estaba en desacuerdo con ellas. Venga, que me lío.

Lo que iba a escribir es que hoy me he ensimismado con una pequeña canción del último de Quique. Sí, el de siempre. Conste que no te lo aconsejo. Se convierte en una enfermedad incurable.

Se titula igual que este post. Y le doy las gracias a Quique por decir exactamente lo mejor. Por cantar canciones que imitan a la ficción.

Bueno, escúchala si puedes, pero cada 3 repeticiones descansa una hora.

♫….pisando los charcos de 1956….♫

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Las cuatro acabadas

Las noches de concierto hacen que esos días transcurran de una manera especial. Los días en los que tu equipo de fútbol consigue un título los recuerdas para siempre. ¿Sabes por qué? Pues porque hay algunos años en los que tu equipo no gana ni al parchís y además a ti se te pasan los meses arrepintiéndote por no haber sacado aquella entrada para aquel concierto.



El sábado no. El sábado 19 de diciembre fue distinto. Yo hice doblete y mi equipo sexteto. Y con el gol de Pedrito me abracé a un ilustre desconocido en un bar. Y con el de Messi, media hora después, éramos ya amigos de toda la vida y para siempre.



Con la emoción del Mundialito de Clubes casi se me olvida que debía caminar durante 10 minutos hacia la sala La Riviera, al concierto de Quique González, con un frío difícil de explicar y una cola para entrar ‘de aquéllas’.


Encima el grupo de acabadas no daba señales de vida, y un concierto de Quique sin ellas no es lo mismo. Afortunadamente a la hora de la verdad todos nuestros relojes marcaban una hora menos, y entonces llegaron ellas recién depiladas y en perfecto estado de revista.

Y Quique empezó a caldear la sala con temazos que parecían caricias casi de verdad; abrió con el primer tema del álbum, ‘Daiquiri blues’. Le siguieron ‘Cuando estés en vena’, ‘Avería y redención’…….hasta cerrar el chou con un repertorio generoso de bises y con ‘La luna debajo del brazo’, dos horas después.

Las cuatro acabadas disfrutamos de lo lindo, y con la sangre cargada de buena música nos retiramos a nuestros aposentos. Nos despedimos sin decirnos adiós, hasta la próxima cita, que espero llegue pronto. Porque las malas compañías son las mejores.



Marchando el cava más barato de la casa: Que tengan ustedes unas felices fiestas, y que las pasen bien, muy bien, o en familia.

♫ No me lo creo, nena, no me lo creo, nena ♫

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Vamos Quique, vamos

La historia coloca a los ‘grandes’ en pedestales separados por una mínima distancia prudencial. Entiendo que es una distancia de seguridad en señal de duelo. Si se hacen bien las cosas, lo lógico es hacer coincidir el declive de uno con la entrada en escena de su delfín, para que convivan de manera tácita, para que el tránsito generacional se haga menos duro que el intestinal.

Es el caso de Quique González -y Antonio Vega-, cuyo testigo se ha entregado más bien como si se tratase de una burla del destino sabiamente teledirigida. Yo nunca he entendido cómo se pueden calibrar talentos, y mucho menos si son tan bárbaros como el de estos dos. Si tú te atreves con la tarea, permíteme un consejo: ¡Cuidado con el escalón!

Seguramente se intuye por mi tono que hoy voy a ver en directo a Quique González, en la sala La Riviera de Madrid, y por si acaso mañana no soy capaz de recordar ni que tengo alzheimer, espero vivir con pasión y sin compasión esta noche en la que sonará con fuerza el Daiquiri Blues, el trabajo más sobresaliente de nuestro panorama musical.

Las grandes pasiones son enfermedades incurables y como en el ataúd caben muy pocas cosas, hoy toca disfrutar, porque la vida sin música sigue siendo un tremendo error.

♫ pero el mundo nunca era un pañuelo...... ♫


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Ardiendo a un clavo



Ahora no se si tendré que esperar el eclipse de luna. La última copa en el último bar o el veneno de lluvia. Un taxi libre o quizás invitar a beber a la rubia o disfrutar de la virginidad de una página en blanco. Y si me agarro a tu aplauso como ardiendo a un clavo, si me aferro al brillar de tu risa. Que sostenga un cigarro encendido en mis labios, si no tengo billete de ida. Aún no he podido arrancarme la lanza que abrió mi costado. Dicen que sólo camino los que por mi sombra se han guiado. Aún no comprendo como los bomberos han tardado tanto en sofocar el fuego que ambos provocamos. Y si me agarro a tu aplauso como ardiendo a un clavo, si me aferro al brillar de tu risa. Que sostenga un cigarro encendido en mis labios, si no tengo billete de ida. Ya sé que es fácil decirte: no dobles jamás la rodilla. Que es preferible nadar en quimeras, a esperar en la orilla. Que una marea consiga dejar dormidas las ideas, a los que crecimos en la misma escuela. Y si me agarro a tu aplauso como ardiendo a un clavo, si me aferro al brillar de tu risa. Que sostenga un cigarro encendido en mis labios, si no tengo billete de ida.

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La luna debajo del brazo



Cuentan por esos mundos de Internet que hay canciones que nacen bastardas, sin padre ni madre discográfica. Esta va camino de serlo, pues no se ha editado en ningún cedé, que yo sepa.

Esta versión la cantan Quique González y los Leiva, unidos en el grupo alternativo con el que matan el gusanillo antisistema: 'Autopista hacia el zulo'.

¿Por qué será que me gusta tanto el título del grupo?



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