Palacio de los Deportes de Madrid, 26 de octubre de 2007.
Para empezar, diré que es el final.
No tengo palabras, me embarga Hacienda. Quizá haya sido el último gran concierto, o quizá no. Mejoró sin duda la más optimista de mis previsiones y aún estoy impactado por lo vivido el viernes. Me arrepiento de haber ido tan sólo a uno de los conciertos de esta gira; lástima que ya no pueda rectificar, pero me queda un recuerdo imborrable del cierre de la gira 80/07.
El repertorio del concierto estuvo acertadísimo; abrió con Antes de que salga el sol y durante casi 2 horas abundaron sus temas más populares, y se corearon sin lagunas temas como Vístete, Nadie puede parar o Relojes en la oscuridad; también rescataron del baúl del coleccionista un par de temas de culto, que sorprendieron a más de uno; no a mí, lógicamente que llevaba 19 años preparándome para la cita. Carri puede dar fe de ello, oye, y el calvito que me tocó delante, seguro que también. El final del concierto, con Sol del Caribe, fue un escándalo; 9 años de intensa y desdichada rehabilitación en mi estimada rodilla estuvieron a punto de irse al carajo, pero la ocasión lo merecía.
El Palacio de Deportes de Madrid era una fiesta, pero Antonio seguía sin divertirse; sin embargo, para mi estuvo espectacular, mejor que nunca; ha recuperado la voz -aunque ha perdido los dientes-, y hasta se marcó algún que otro discurso que hoy no consigo recordar, ni quiero. Nacho pone la caña y el nervio, con ese aspecto de rockero inmaduro inigualable, y juntos hacen un dúo insuperable. Se rumoreó insistentemente en los circuitos más veguistas la posibilidad de que varios artistas míticos de los 80 acompañaran a los Nacha en algún que otro tema; afortunadamente no fue así; yo quería un concierto 100% Nacha, y así fue.
Y luego por la noche, cómo no, al Penta a escuchar, canciones que consiguen que te pueda amarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. El mítico local de la movida madrileña, al que me condujo por primera vez Marina a mediados de los 90 en un gesto para el recuerdo, estaba petado de gente, y allí se volvieron a corear éxitos de Nacha en riguroso diferido. Además, tuve la fortuna de encontrarme con el 'web master' de la página Web oficial de Antonio Vega, al que no conocía en persona. Me sorprendió porque era un pipiolo que no llegaba a los 30 tacos, y los libros y los cedés dicen mucho, pero hay cosas que o las vives, o nunca llegas al 'orégano'. Hace años le ciber-mandé a tomar por el culo, sin acritud, porque malinterpretaron un artículo que les mandé en un post; ahora lo entiendo todo: Le queda grande el puesto. En 5 minutos el muchacho comprendió que estaba ante un veguista de honor, pero ya es tarde para recuperarme para un proyecto en el que no creo.






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