Concierto Nacha Pop 80/07

Palacio de los Deportes de Madrid, 26 de octubre de 2007.



Para empezar, diré que es el final.


No tengo palabras, me embarga Hacienda. Quizá haya sido el último gran concierto, o quizá no. Mejoró sin duda la más optimista de mis previsiones y aún estoy impactado por lo vivido el viernes. Me arrepiento de haber ido tan sólo a uno de los conciertos de esta gira; lástima que ya no pueda rectificar, pero me queda un recuerdo imborrable del cierre de la gira 80/07.



El avituallamiento previo en la 'Goyesca' marcó el camino del triunfo de nuestra expedición, formada por los míticos Borgi, La Silvi, Navalón, Carrillo y servidora; antes tuvimos que demarrar violentamente del grupito capitaneado por los Puig brothers, que buscaban una previa demasiado formal. Nada personal contra este grupo de nachistas que vivieron ya en el año 88 en Jácara el primer punto y seguido de la banda, pero la expedición cántabra buscaba otro objetivo.




El repertorio del concierto estuvo acertadísimo; abrió con Antes de que salga el sol y durante casi 2 horas abundaron sus temas más
populares, y se corearon sin lagunas temas como Vístete, Nadie puede parar o Relojes en la oscuridad; también rescataron del baúl del coleccionista un par de temas de culto, que sorprendieron a más de uno; no a mí, lógicamente que llevaba 19 años preparándome para la cita. Carri puede dar fe de ello, oye, y el calvito que me tocó delante, seguro que también. El final del concierto, con Sol del Caribe, fue un escándalo; 9 años de intensa y desdichada rehabilitación en mi estimada rodilla estuvieron a punto de irse al carajo, pero la ocasión lo merecía.



En la cosecha de Nacha Pop se han acentuado con el paso de los años sus dos vertientes; la exuberancia de los temas firmados por Nacho García Vega, magnífica crónica de un Madrid en ebullición, y las visiones agrias de Antonio Vega. Frustración, soledad, incomunicación destiladas en la sublime Chica de ayer (sin el La, por favor) que se hizo rogar hasta los bises, donde la única solución está en buscar «canciones que consiguen que te pueda amar».




El Palacio de Deportes de Madrid era una fiesta, pero Antonio seguía sin divertirse; sin embargo, para mi
estuvo espectacular, mejor que nunca; ha recuperado la voz -aunque ha perdido los dientes-, y hasta se marcó algún que otro discurso que hoy no consigo recordar, ni quiero. Nacho pone la caña y el nervio, con ese aspecto de rockero inmaduro inigualable, y juntos hacen un dúo insuperable. Se rumoreó insistentemente en los circuitos más veguistas la posibilidad de que varios artistas míticos de los 80 acompañaran a los Nacha en algún que otro tema; afortunadamente no fue así; yo quería un concierto 100% Nacha, y así fue.



Nada más salir del concierto, y ya con la camiseta recuerdo enfundada para los restos, nos encontramos a las Ripoll Sisters, entusiasmadas con lo que habían vivido desde el gallinero del Palacio de Deportes. Las acompañaban unas ilustres desconocidas que, a simple vista, no parecían tan carrozas como nos había transmitido Rocío en los días previos al concierto.



Y luego por la noche, cómo no, al Penta a escuchar, canciones que consiguen que te pueda amarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. El mítico local de la movida madrileña, al que me condujo por primera vez Marina a mediados de los 90 en un gesto para el recuerdo, estaba petado de gente, y allí se volvieron a corear éxitos de Nacha en riguroso diferido. Además, tuve la fortuna de encontrarme con el 'web master' de la página Web oficial de Antonio Vega, al que no conocía en persona. Me sorprendió porque era un pipiolo que no llegaba a los 30 tacos, y los libros y los cedés dicen mucho, pero hay cosas que o las vives, o nunca llegas al 'orégano'. Hace años le ciber-mandé a tomar por el culo, sin acritud, porque malinterpretaron un artículo que les mandé en un post; ahora lo entiendo todo: Le queda grande el puesto. En 5 minutos el muchacho comprendió que estaba ante un veguista de honor, pero ya es tarde para recuperarme para un proyecto en el que no creo.



Para mi generación el concierto fue un caudal de recuerdos empañados por la nostalgia; salí muy satisfecho por haberlo vivido, constatando que Antonio sigue subiéndose a un escenario y, con lo poquita cosa que es, lo llena sin más adorno que una guitarra. Una de sus virtudes es que, cuando canta, nos susurra al oído nanas de amor y de dolor, de pérdidas irrecuperables y de sueños tan cercanos que se pueden acariciar con la yema de los dedos. A sus casi 50 años (los cumple el 16 de diciembre), sigue sin tener una agenda donde apuntar sus citas, ha olvidado la mayor parte de sus deudas y cada día busca el sentido de su vida. Vega resiste y, como decía Cela, quien resiste, gana. Su mayor triunfo es que hay mucha gente que le busca para que les acune con esa voz que aúna soledades, y yo más que nadie.


Ha sido la noche más grande de los últimos años.


Hasta poco.


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