A Carlos Robles

Pedazo de artista como la copa de un pino, sometido por el dios euribor a los rigores laborales del común de los mortales, en ocasiones se libera de la escafandra que le oprime y nos ofrece actuaciones como ésta.

Hace ya muchos años conquistó los paladares más selectos del pueblo cántabro que, desde entonces, aguarda con ansia nos vuelva a visitar, pero esta vez desde ‘arriba del escenario’. De momento, nos conformaremos con la extraña cercanía que nos proporcionan las nuevas tecnologías.

De corazón espero que siga resistiendo como hasta ahora los feroces mordiscos del universo musical donde pelea. Como dice su canción, ‘hay que creer en los milagros’.

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