Para mucha gente los años ochenta fueron los más cruciales de la historia de España; supongo que sobre todo para los que los vivieron intensamente. No tengo ni idea de si es así, pero lo que ahora llamamos globalización seguro que hace que todo se diluya en un mundo sin fronteras. Puede que por esto la última explosión de lo español hayan sido los ochenta. Al menos eso pienso yo, y como sólo se vive una vez, supongo que ya no cambie de opinión más que tres o cuatro veces más.
En El Penta madrileño se forjó buena parte de la leyenda musical de aquella época. Yo acudo siempre que puedo a atizarme algún trago de nostalgia pop y unos cubas como los de antes, en vaso de tubo y con la cola sin servir. En otro garito no me los tomaría así, pero por algún extraño lazo con el pasado en El Penta no me importa que los tiren con sabor añejo.
Según entras al local pasas por debajo de una foto enmarcada que lo preside todo, coronando la puerta de entrada. Si no vas con muchas copas encima sobrecoge alzar la mirada y ver a los Nacha de la época de DRO en plena forma, alegres y desafiantes. Confieso que cada vez que he pisado suelo del Pentagrama me han dado ganas de mangar la foto y salir corriendo sin parar.
Algunas veces no lo he hecho por miedo a que me dejaran sin dientes, otras porque al salir ya no me acordaba de nada, ni siquiera de la foto y, de unos años a esta parte, porque sería lamentable que un medio cojo o un cojo y medio pretendiera salir corriendo y la carrera acabara en la primera esquina doblada. Y a lo peor, también sin dientes.
Además, los fans de Nacha somos como una secta, y yo nunca les haría eso a mis intolerantes y apasionados sectarios. Aprovecho la ocasión para dejar claro que no me gusta ser fan de nada, pero uno tiene que dejar vivas algunas excepciones en su ideario personal. Digo, que somos como una secta, como el dueño del local, que lo compró en 1995 porque otros posibles compradores pensaban remodelarlo por completo.
No hace mucho que me dejé llevar una vez más por los caminos del recuerdo, y aproveché para fotografiar la dichosa foto. No es lo mismo que la original, pero al menos conservo los dientes.
Que la disfruten.
‘Cuando el silencio te deje bajar
Y esa canción no quieras olvidar
Busca un canal que te despertará
Anochecer y amanecer igual
Y si tu radio sintoniza mal
Es algo fácil, sin importancia
Vidas agridulces sin más.’
En El Penta madrileño se forjó buena parte de la leyenda musical de aquella época. Yo acudo siempre que puedo a atizarme algún trago de nostalgia pop y unos cubas como los de antes, en vaso de tubo y con la cola sin servir. En otro garito no me los tomaría así, pero por algún extraño lazo con el pasado en El Penta no me importa que los tiren con sabor añejo.
Según entras al local pasas por debajo de una foto enmarcada que lo preside todo, coronando la puerta de entrada. Si no vas con muchas copas encima sobrecoge alzar la mirada y ver a los Nacha de la época de DRO en plena forma, alegres y desafiantes. Confieso que cada vez que he pisado suelo del Pentagrama me han dado ganas de mangar la foto y salir corriendo sin parar.
Algunas veces no lo he hecho por miedo a que me dejaran sin dientes, otras porque al salir ya no me acordaba de nada, ni siquiera de la foto y, de unos años a esta parte, porque sería lamentable que un medio cojo o un cojo y medio pretendiera salir corriendo y la carrera acabara en la primera esquina doblada. Y a lo peor, también sin dientes.
Además, los fans de Nacha somos como una secta, y yo nunca les haría eso a mis intolerantes y apasionados sectarios. Aprovecho la ocasión para dejar claro que no me gusta ser fan de nada, pero uno tiene que dejar vivas algunas excepciones en su ideario personal. Digo, que somos como una secta, como el dueño del local, que lo compró en 1995 porque otros posibles compradores pensaban remodelarlo por completo.
No hace mucho que me dejé llevar una vez más por los caminos del recuerdo, y aproveché para fotografiar la dichosa foto. No es lo mismo que la original, pero al menos conservo los dientes.
Que la disfruten.
‘Cuando el silencio te deje bajar
Y esa canción no quieras olvidar
Busca un canal que te despertará
Anochecer y amanecer igual
Y si tu radio sintoniza mal
Es algo fácil, sin importancia
Vidas agridulces sin más.’






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