11º desencuentro de exs

Yo solo tenía que hacer lo que había que hacer.

Sólo tenía que dejarme llevar y conducir sin frenos hasta la cima al que fue, no hace tanto, el grupo de moda.

Sólo tenía que asegurarme que nuestros ídolos no están todos muertos, y sobre todo, sobre todo, debía asegurarme que intentaríamos llegar a la hora de la verdad con el reloj puesto en hora.

Y lo tuvimos cerca. Tan cerca que valió la pena. Fue fácil, lo confieso. Bastó con ponerme un par de vasos anchos en los ojos para descifrar lo que la noche no te deja ver. El resto fue coser y cantar.

Es verdad que el día siguiente fue duro. Y el otro. Y el otro. Pero hay que sobrevivir a la escena del crimen.

Confieso que no me enteré si quedó alguna cuenta pendiente; me sorprendería ingratamente que no fuera así. Volveremos a saldarla.

Lo que sí recuerdo nítidamente es que no me pusieron mi canción favorita en toda la noche, y me volví a casa esperando noches más duras que habrán de venir. Me piré a casa sin contar las baldosas al andar.

Y con la inspiración reciente del Daiquiri blues, del talento más delirante y apoteósico que pisa el firmamento musical español, os dedico estas letras a vosotros, a la peña presente y a la peña ausente.

Punto y coma. Punto y aparte. Y viceversa.
Nos has godido.









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