Un año sin Antonio Vega

Querido Antonio,

Ya hace un año que te fuiste sin pedirnos cuentas, pero a nosotros nada nos ha hecho cambiar, y casi nadie se atreve si quiera a intentar borrar tu rastro. Hoy más que nunca seguimos soñando que aparezcas de repente en cualquier parte, y por eso celebro un año de tu muerte, y lo celebro porque tu historia continua adelante, y porque no hay forma de morir si nos dejas el alma y sólo te llevas el cuerpo.

Hoy me van a delatar las inútiles explicaciones que te da el corazón, tan difíciles siempre de razonar, pero es que cada día son más nítidos los hilos invisibles con los que nos sigues manejando. Y eso que te confieso que en ocasiones vendo tu alma al diablo y busco parches en otros, como queriendo que se parezcan a ti, pero es que al abandono no se acostumbra uno del todo.

Me cuentan que le sigues cantando a la incomunicación, a la soledad, al desencuentro, a las pérdidas irrecuperables. Y supongo que te pasará como cuando estabas aquí, que casi nadie te entenderá…… ¡cómo podría yo explicarles que contigo nunca cuadran las cuentas, y que por eso te echamos tanto en falta! Cuando se percaten, será otra vez demasiado tarde.

De la vida terrenal que conociste no ha cambiado casi nada. Yo te sigo defendiendo de los iracundos, de los irascibles, de los impostores, de los finalistas, de los majaderos, de los aduladores, de los perezosos, de los traficantes, y de los manipuladores…..y al final siempre nos quedamos solos el resignado y yo. Pero al menos mientras te recuerdo, que sepas que te escondo de todos y estás a salvo.

Un día como hoy quiero darte las gracias por habernos cantado siempre exactamente a tu manera, justo en aquel momento en el que a nadie le importaba ni la razón ni la fe, ni el futuro ni el pasado, ni el mal ni el bien, justo cuando más lo necesitábamos.

Por eso te escribo estos renglones sin sentido que huelen a nostalgia, y aunque sólo me entiendan tus sordos de siempre, quiero que sepas que lo que más nos duele es que ya nadie nos hable a los ojos, y nuestra peor recompensa es pensar que te volveremos a ver, pero será en cualquier parte menos aquí.

Muchos de tus muchos seguidores te aplauden de paso en paso. Yo no. Yo soy aquel chaval que llegó al principio y que tiene pensado llegar, por lo menos, hasta el final. Hasta entonces sólo espero que te alojes en algún lugar seguro; creo que ya te ha llegado el momento de descansar sin esperar que algo malo pueda pasar.

Un abrazo, maestro. Hasta poco.

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