Acostumbro a separar mis opiniones personales de las tuyas. Y lo hago seguramente por aquella verdad unamuniana que dice que las simpatías y las antipatías son recíprocas.
También me gusta separar el hecho del derecho. Seguramente para protegerme de la dialéctica malsonante. Y sobre todo porque casi nunca me convencen las teorías de la conspiración.
Y ahora no sé si tatarear una canción o tararearla. Y tampoco sé si hay que incluir en este post a los excluidos o a los marchitos o ya no hace falta, porque la auténtica medida de un hombre sólo se manifiesta en un ambiente de confianza.
Pues tiro porque me toca.






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