Articuentos

El otro día, por navidad, me regalaron el libro de los articuentos de Millás. Ese género literario inventado por él mismo. Y hace días escuché al autor decir que, para escribirlos, su fuente de inspiración son las conversaciones ajenas cotidianas.

Y yo estaba en total desacuerdo con Juan José, a pesar de que confieso que me encanta leerlos y leerle. Porque yo creía que un buen diálogo escrito debe parecerse a la realidad, pero sólo para ser creíble, para que parezca normal. Pero al mismo tiempo no debe parecerse nada a lo cotidiano, para que sea leíble.

Bueno, que me lío. Lo que yo quería decir es que el jueves por la noche salimos a cenar, para celebrar mi cumple. Y tuvimos unas conversaciones muy cotidianas. Pero a mí no me sonaban nada aburridas. Al revés. Me parecían sacadas del mejor libro jamás escrito.

Entonces entendí lo que quiso decir Millás. Quizá fuera una metáfora, como si escuchar a la gente fuera como leer con los oídos. Por eso nos fuimos al Penta ‘a escuchar’, y de allí salimos con algo parecido a una sonrisa.


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